domingo, 28 de noviembre de 2010

¿Es un objetivo de todos la gestión de personas?

En los últimos años está aumentando la importancia que se le otorga a la gestión de personas como pieza clave para conseguir los objetivos de negocio con éxito.

Como decía Viktor Frankl en "el hombre en busca de sentido", el hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida.

Como parte de este sentido de vida se encuentra también el sentido y las expectativas que se le otorgan al trabajo, aspecto que las Organizaciones deben tener presente a la hora de gestionar a las personas.

Stephen Covey, en su libro “El 8º hábito”, hace referencia a una encuesta realizada por Harris Poll a 23.000 ocupantes de puestos clave en empresas importantes, que arrojó las siguientes conclusiones.
  • Sólo el 37% dice tener una idea precisa de lo que su empresa pretende lograr. 
  • Uno de cada cinco está entusiasmado con su equipo de trabajo y con las metas de la empresa.
  • Sólo la mitad termina la semana satisfecha con el trabajo que hizo.
  • Sólo el 15% considera que la empresa les facilita el cumplimiento de sus objetivos.
  • Sólo el 15% considera que trabaja en un ambiente de plena confianza. 
  • Sólo el 17% piensa que su organización impulsa la comunicación abierta y el respeto por las opiniones diferentes, lo que resulta en nuevas y mejores ideas. 
  • Sólo el 10% piensa que se pide rendición de cuentas a los integrantes de la empresa. 
  • Sólo el 20% confía totalmente en la empresa para la que trabaja.
  • Sólo el 13% expresa tener confianza y relaciones de total colaboración con otros grupos o departamento.
Sobre la base de esas evidencias, Covey dice: “Si los porcentajes anteriores se dieran en un equipo de fútbol, sólo cuatro de los once jugadores sabrían qué portería es la suya, sólo a dos de los once les importaría el resultado del partido; sólo dos sabrían en qué posición juegan y cómo desempeñarla bien, y nueve estarían compitiendo con los de su equipo en lugar de con los del equipo contrario.”

Este estudio refleja la perspectiva de nuestros equipos actuales en las Organizaciones y refleja claramente la necesidad de un cambio. Gran parte de la problemática actual se debe a la dificultad que entraña la gestión de las personas en tanto en cuanto éstas van más allá de ser recursos: piensan, sienten y tienen metas existenciales, aspectos raras veces considerados en la gestión actual.

En los últimos años se está observando el esfuerzo por parte de las Organizaciones de introducir herramientas para evaluar el desempeño. Pero, ¿Realmente forma parte de la medición de nuestro desempeño la gestión de las personas? ¿Cuál es el esfuerzo que le dedicamos a diario de forma proactiva? ¿Comenzamos el día con tareas concretas de gestión de personas (explicar a alguien qué se espera de él o de alguna de sus tareas, tutelar sobre alguna nueva actividad, dedicar tiempo a agradecer los resultados conseguidos, identificar qué motiva o qué aspiraciones tiene cada uno en la Compañía, etc.?

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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Queda prohibido

Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber que hacer,
tener miedo a tus recuerdos...

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres,
abandonarlo todo por miedo,
no convertir en realidad tus sueños, ...

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen menos que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha...

Queda prohibido no crear tu historia,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da,
también te lo quita...

Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores.

domingo, 21 de noviembre de 2010

¿Aportamos o quitamos valor?

Esta semana me he encontrado con una gran reflexión de Juan José Romero Crusat y os la voy a resumir porque merece la pena:

En nuestro círculo de amistades, todas las personas “nos dan o nos quitan valor” (una cosa u otra, no ambas a la vez en la misma persona). Cada uno de nosotros nos rodeamos de personas que pueden hacernos mejorar como individuos o, por lo contrario, pueden ser fuente de conflictos. Muchas veces no las elegimos nosotros, como es el caso de familiares, compañeros de trabajo, amigos de nuestros amigos, etc. son personas con las que, de un modo u otro, nos vemos obligados a compartir tiempo y espacio.

Nosotros tenemos la posibilidad –e incluso la obligación- de seleccionar cuáles de esos compañeros de viaje son los que deben estar dentro del “vehículo” por el que nos conducimos por la vida. ¡¡No es necesario que estén todos!! Si alguna persona nos aporta cosas negativas o simplemente no nos aporta nada de valor, no tenemos por qué “llevarla” con nosotros.

La inteligencia emocional se mide también por la capacidad que tenemos para saber elegir nuestras amistades, y nadie con un mínimo de sensatez decidiría quedarse con aquellas que más quebraderos de cabeza nos producen. “¡¡Rodéate siempre de personas que sean mejores que tú!!”. Es la única manera de tener buenos referentes, de prosperar, de marcarse retos de superación.

Trasladando este mismo mensaje al ámbito de la empresa. Cuando una organización elije a un candidato para cubrir una vacante lo hace con la intención de que esa persona aporte valor a la organización, de ahí que busquen al más formado, más competente, más hábil, más proactivo, y esperan que sea capaz a desarrollar todo su talento dentro de la empresa, es decir, que "sume".

La reflexión es: ¿Se puede consentir que haya personas en las empresas que “resten”? ¿Hasta qué punto debe permitirse? ¿Somos conscientes de que las personas que “restan” comprometen la viabilidad de la organización y con ella, el futuro de sus compañeros de trabajo que sí se esfuerzan diariamente?

Las decisiones de “desvinculación” son quizá las más desagradables de tomar, pero ¿cuándo un responsable tiene que decidir no debe orientarse hacia el bien del equipo en su conjunto? ¿Y cuando la apatía de unos pocos perjudican al bienestar del equipo?

Las personas no entran en las organizaciones para “restar” valor. Es un absurdo y va contra la supervivencia de la empresa. Convendría cada cierto tiempo hacer una concienzuda revisión de cuál es el aporte de valor que cada uno hace a su compañía e ir detectando aquellos que no suman con el fin de gestionarlo de la forma más apropiada.

Parece de sentido común, pero si observamos con detalle cualquier empresa veremos que hay personas que no aportan nada de valor y aun así pasan desapercibidas a ojos de sus responsables. Bien porque éstos ignoran lo que sucede, bien porque es desagradable mirar ciertas cosas, o bien porque aun viéndolas a uno le tiembla el pulso a la hora de tomar medidas correctivas.

Hoy en día se habla de trabajar en equipo pero ¿Es esto posible en una situación donde unos suman y otros restan? ¿No sería más eficaz que todos avanzásemos en la misma dirección aunque fuese a un ritmo más lento? ¿Y las personas que “suman”, no aprovecharían mejor las energías y los esfuerzos en el día a día si no tuviesen que andar saltando los obstáculos que colocan aquellos que “restan”?